Puente de O Burgo

  • Ponte do Burgo

La historia de Pontevedra está inseparablemente ligada a la del puente de O Burgo: sus viejos restos romanos dieron nombre a la villa y hoy no solo es uno de los símbolos de la ciudad, sino también su emblema heráldico.

El primitivo puente fue construido por las tropas romanas para salvar el lecho del río Lérez en una de sus principales rutas de comunicación terrestre. Según parece, existía una mansio viaria llamada Turoqua, un importante foco comercial situado cerca de la vía XIX, que unía Bracara Augusta (Braga), Lucus Augusti (Lugo) y Asturica Augusta (Astorga).

Poco o nada se conoce sobre el antiguo puente. Nadie pudo establecer con exactitud su situación, dimensión o configuración. El hallazgo del miliario de Adriano, datado en el año 134, y la alineación del camino medieval de A Santiña, indican que podría estar aguas abajo respecto del actual, ya que en la época romana el lecho del río era mucho menos ancho.

Mientras duró el imperio romano, se mantuvo la infraestructura de comunicación unos cuantos siglos más. El comercio y la navegación se redujeron al mínimo y aquella vieja Turoqua fue desfalleciendo y despoblándose en beneficio de las fértiles tierras de los alrededores.

Hasta bien entrado el s. XII, el comercio terrestre y marítimo no volvería a reactivarse. Durante este tiempo se cree que el puente se mantuvo en pie hasta la refundación de la ciudad en 1169, aunque en tan mal estado que hubo necesidad de hacer uno nuevo a su lado. No obstante, la decrepitud de la ruina romana ya había servido para bautizar el núcleo de población que se estaba formando como Ponte Veteri (el puente viejo).

A lo largo de los siglos posteriores, la ciudad consolidó su vocación pesquera y llegó a obtener importantes privilegios comercializadores. En 1467 se le concede la celebración de la Feria Franca y en 1484 se inicia la actividad de la pesca de cerco. El río comunicaba la villa con las reservas forestales del interior, importante tanto para el comercio de madera como para la construcción naval y la industria de toneles. La exportación de vino del Ribeiro que portaban los arrieros por el camino de Castilla adquirió enorme relevancia. Y así, Pontevedra fue convirtiéndose en uno de los más importantes enclaves costeros gallegos, de hecho, durante el s. XV, llegó a ser la mayor villa de Galicia.

Por lo que respeta a su fisonomía, el puente de O Burgo experimentó, a lo largo de sus años de vida, muchos cambios y sobrevivió a otros tantos percances. El propio crecimiento de la villa y la necesidad de ganar callado en un río cada vez más afectado por los sedimentos obligaron a sucesivas obras de consolidación y mejora. El primitivo puente contaba con quince arcos rebajados de medio punto construidos en mampostería. En la actualidad solo son visibles once, ya que los avances de los diques ocasionaron el soterramiento de cuatro de ellos, que se descubrieron en las excavaciones arqueológicas realizadas en 2006. También de los apenas tres metros de ancho que tenía en el s. XII se fue ampliando hasta los más de once que tiene hoy en día.

Alrededor de 1570 Mateo López fue presuntamente quien acometió la primera gran obra de mejora y ensanche documentada. La riada originada en 1658 hizo necesario el derribo del pretil para que las aguas pudieran circular. Hubo que proceder a trabajos de reparación por mor de los daños ocasionados, que consistieron fundamentalmente en renovar las losetas del pavimento y sustituir los rellenos.

El resultado de estas reformas fue lo que inmortalizó Pier María Baldi en 1669 aprovechando el viaje de Cosme III de Médicis. En aquella época el puente tenía doce arcos, los mismos que en 1697 cuando alguien había descrito sus medidas: 158 m de largo y 3,75 de ancho. Gracias a este dibujo que se conserva en la Biblioteca Laurenciana de Florencia, se sabe que por la entrada norte de la ponte existía una puerta con un terreno vacío anexo por su izquierda. Se trataba de una especie de pequeño castillo, a modo de arco triunfal, con dos torres cilíndricas –lisas y con un final de bóveda de media naranja–, que flanqueaban una bóveda de medio cañón. Se desconoce cualquier dato sobre su construcción y, a pesar de que ya se encontraba en penoso estado, es probable que fuera derribado a finales del s. XVIII.

En la cabecera sur, la que toca la ciudad, se erigía sobre el arco de arranque la torre del Puente, una construcción de tres pisos de altura, cubierta a cuatro aguas y una puerta con un gran arco de entrada en el andar bajo. Arrimado a la izquierda, en plano más bajo, se erguía un macizo edificio de dos pisos que era la cárcel. Todo este conjunto fue derribado en la invasión inglesa en 1719, durante la Guerra de la Cuádrupla Alianza que enfrentó a la Monarquía de España de Felipe IV con la coalición formada por el Sagrado Imperio Romano Germánico, la monarquía de Francia, el Reino Unido de la Gran Bretaña y las Provincias Unidas de los Países Bajos. En 1750 se construyó una nueva cadena que tampoco duró mucho, y tiempo después, en 1885, se levantó en ese solar la primera plaza de abastos.

Durante el s. XIX el puente apenas sufrió modificaciones. En 1890 se cambiaron los pretiles de piedra por una baranda de hierro, al tiempo que se rebajaban los tajamares y se añadía un límite con modillones. En 1904 se hizo un nuevo dique y poco después, en 1915, se sustituyó la loseta de la calzada por adoquín. Se retiró un crucero de piedra situado en el centro que actualmente se encuentra colocado delante de la Basílica de Santa María.

La última gran reforma, llevada a cabo en 1954, dejó un aspecto muy semejante al actual. Se desmontó toda la estructura, se reforzaron las antiguas bóvedas y se construyeron otras de hormigón armado recubiertas de perpiaño. Estos arcos “exteriores” que vuelan sobre la antigua estructura permitieron ensanchar el puente y, para soportar la nueva estructura, se construyeron unos tajamares de hormigón. Además, se incorporaron los detalles decorativos de significación jacobea ya que es paso obligado del Camino Portugués de peregrinación a Santiago, que sigue en buena parte el trazado de la vía romana XIX.

A pesar de que las obras realizadas a lo largo de los siglos transformaron considerablemente su aspecto exterior y ya no existen elementos en ella que nos permitan distinguir lo que un día fue, su significado sigue y seguirá siempre vigente puesto que la historia de Pontevedra es la historia de este puente van indisolublemente unidas. En el Escudo de Pontevedra, desde tiempos inmemoriales, podemos ver el puente con tres arcos, un crucero en el centro y el pequeño castillo y la torre del Puente en sus laterales.

Como curiosidad, hay que mencionar que el puente de O Burgo sirvió también de inspiración para el desarrollo de la identidad corporativa de Visit-Pontevedra: la sombra que proyecta la ampliación del puente sobre la vieja estructura medieval, inspira un icono con la que la ciudad saluda a quien la visita.

Situación

Puente de O Burgo

Coordenadas GPS

Coordenadas WGS84 (Google):
Lat: 42°26'8.34"N42.433794
Lnx: 8°38'38.46"O

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